1. Durante largo tiempo anduve considerando en mi interior muchos y diferentes asuntos, y tratando con empeño durante días de conocerme a mí mismo, qué debo hacer y qué he de evitar; de improviso me dijo una voz, no sé si mía o de otro, de fuera o de dentro (pues eso mismo es lo que principalmente quiero esclarecer); me dijo, pues, aquella voz :
Razón.– Veamos, pon que has hallado ya alguna verdad. ¿A quién la encomendarás para seguir adelante?
Agustín. –A la memoria.
R.– Pero ¿es lo bastante firme para retener bien tus pensamientos?
A.– Difícil me parece, o más bien, imposible.
R.– Luego es necesario escribir. Mas ¿qué te ocurre, que por tu salud te resistes al trabajo de escribir? Mira: estas cosas no se pueden dictar, pues requieren completa soledad.
A.– Verdad dices. Y por eso no sé qué hacer
R.– Pide fuerza y ayuda para lograrlo, y pon esa misma petición por escrito, para que escribiendo aumenten tus bríos. Después resume lo que vayas descubriendo en conclusiones breves. No te inquietes por lo que pida una masa de lectores; esto bastará para tus escasos conciudadanos. (San Agustín)

25 abril 2010

MÁS ALLÁ DEL BIEN Y DEL MAL







Por mas que intento buscar una explicación para mi entendimiento, no acierto a comprender del porqué de la obsesión que sostienen  ciertos individuos  a reconocerse, simpatizar o identificarse con "el lado oscuro de la naturaleza" como si se tratara de una premisa o proposición de identidad primordial para su existencia. Justificando así cualquier acción o pensamiento para con ellos mismos o el resto de los mortales.

En muchas ocasiones veo, leo o escucho enaltecer las peculiaridades de ese lado oscuro dirigido por el que acostumbramos a llamar Satán. A saber:



"La Iglesia califica a Satán como monstruo perverso, corrompido, malvado, inmundo, estúpido, insensato, tentador, devastador, maldito, reprobado, embustero, sucio, embaucador, impuro, pérfido, envenenador, infame, orgulloso, blasfemo, doctor de la mentira, adversario del género humano, inventor de la muerte, raíz de la maldad, autor de los delitos, príncipe de los vicios, instigador de vergonzosos placeres."

Sospecho... creo yo,  que todos y cada uno de nosotros en determinados momentos de nuestra existencia hemos obrado con estas formas, sin entrar a discutir a estas alturas de nuestros, días, semanas, meses, años, siglo o milenio la veracidad de las doctrinas religiosas,(racionalizando un poco no es necesario).




Imaginando... si yo misma o cualquiera de mi entorno procesara esta creencia resultaría que...

  • Podemos ser perversos, pero no contigo, (no te agradaría)

  • Podemos ser embusteros o infames... pero no contigo, (no te gustaría)

  • Podemos traicionar... pero no a ti, (no te apetecería)

  • Podemos ser lujuriosos... pero contigo o a tu gusto.

  • Podríamos también ser perezosos, orgullosos, glotones, pérfidos, traidores, desleales, infieles, inmundos o tal vez viciosos... pero claro está todo esto en la justa medida que tu estimes.



¿Alguien puede explicarme el porqué de la
veneración exclusiva de "un solo lado" de nosotros mismos?. ¡Cuando está más que claro que no es lo que deseamos percibir o  recibir!.
Solo puedo hallar dos posibles soluciones:

-El respetable parecer infantil o adolescente por ser "peculiar" en busca de su propia identidad  a modo de protesta, (esto es un hecho pasajero).
-La manejable justificación ética o moral que carga cada uno para con sus "debilidades", disculpando así los actos que para sí mismo no quisiera, (esta interpretación es un  asunto para indolentes, vagos y egoistas).

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